La Fotografía es el alma del instante fijo, la síntesis de un proceso entre realidad, imaginación y autor. Permite congelar el espacio en un tiempo determinado, convirtiendo esta mágica acción en arte y ciencia.

lunes, 8 de agosto de 2011

FOTOGRAFIANDO ESTATUAS: CUANDO LO SÓLIDO SE CONVIERTE EN ANÍMICO (Artículo)


Mucha gente pasa de ellas, como si fueran algo insignificante. Otros solo les presta atención para registrarlas bajo la normalidad de lo que aparentemente representan, sin más complicación final que rellenar los espesos álbumes turísticos de cada temporada. Están por todas partes, y fotografiarlas en base a la imaginación, convierte la escena en un fotograma distinto que confiere a estos objetos, una vida singular y propia, aparentemente inanimados, pero inmensamente ricos en contenidos. Las estatuas son pues, un mundo aparte, propio, como afirmaría un buen observador, ya que dentro de su estructura externa, encierran increíbles secretos. SIN ESAS PIEDRAS NO EXISTIRIA PARTE DE LA CULTURA HUMANA.

A lo largo de la evolución, el ser humano ha aprendido a observar lo que le rodea y a dar forma a los elementos que se encuentran a su alrededor, entre ellos, las piedras, testigos eternos de su periplo por la Historia. Gracias a su talento, imaginación y habilidades, el ser humano ha aprendido a transformar dichos elementos para sus fines, es decir, ha sabido interpretar que las piedras deben tener un sentido distinto de su estado salvaje originario.

Consecuentemente, debido a sus creencias, hazañas, sentimientos y luchas, la Humanidad ha sido capaz de dar forma diversa a estos elementos, de conferirles estructuras y volúmenes concretos, de insuflarles un alma que recogiera todos los valores y hechos del andar humano por su existencia; así nació la necesidad de generar y perpetuar esculturas y estatuas, como una necesidad permanente para evocar a dioses, personajes o conceptos, como la libertad y la justicia, o ser agrupadas formando conjuntos para representar escenas de acontecimientos, ideas simbólicas o escenas costumbristas. Algunas simplemente han sido esculpidas para embellecer lugares especiales o para provocar síntesis artísticas. Son, pues, una extensión corpórea de los momentos más importantes de la Humanidad.

Su expresividad plástica y capacidad dramática, sus múltiples significados y simbologías, son elementos que confieren a las estatuas un interés especial para ser víctimas del acoso sistemático, del barrido constante de ávidos ojos fotográficos en busca de belleza y significados. Las estatuas representan los más diversos valores humanos y los hechos que las han convertido en eternas. Resaltar sus cromas, sus cielos mediante polarizadores, darles tonalidades fantásticas a través de filtrajes degradados ante el objetivo, buscar ángulos distintos a los convencionales para generar perspectivas imposibles de fuerte impacto, encuadrar sus formas bajo prismas raros, realzar los volúmenes que poseen, los detalles que encierran para rediseñar una visión chocante del objeto tratado, controlar la direccionalidad de la luz y la sombras para matizar texturas y relieves, indagar en ese micromundo de piedra y metal en busca de impactos que deriven en reflexiones profundas, o bellas contemplaciones; ese debe ser el trabajo del cazador de imágenes que explora la dimensión oculta de las estatuas.

TRES CONSEJOS PARA FOTOGRAFIAR ESTATUAS DE FORMA DIFERENCIAL Y ARTÍSTICA.
Las estatuas son criaturas vivas pero congeladas en el espacio tiempo, seres que encierran en su interior todas las vivencias por aquello que fueron cinceladas. ¿Cuál es su peor enemigo fotográfico.

Sin  lugar a dudas, un flash mal empleado capaz de destruir su belleza natural, aplanando la esencia en pos a una luminosidad artificial y grotesca. El flash sólo es útil cuando se trata de trabajos de rango profesional, con el uso de matizadores y difusores apropiados, con equipos de estudio preparados para ello. Por tanto, siempre se que pueda hay que buscar la luz natural y su correcta direccionalidad, a fin de construir adecuadamente los volúmenes y las texturas.

Asimismo recomiendo disponer de excelentes ópticas. Un buen objetivo permite diversos juegos en la perspectiva, en la dirección de la toma, en la puntualización de los detalles, pero sobretodo, ofrece la calidad de una excelente definición. Una imagen sin calidad es como oír mal una canción.

Mover la cámara es fundamental, es lo que da vida y fuerza a la imagen registrada. No hay leyes, no hay reglas, la fotografía es transgresión, como todo arte. Un error, casual o intencionado, puede conducir a una obra maestra. Hay que mover la cámara, manejarla como un pincel, construir con ella, darle la vida y transmitirle tus sentimientos. Un ligero desplazamiento cambia el sentido del objeto: arriba, abajo, de lado, desde el suelo. Inclinado la cámara, poniéndola al revés… tos lo que la mente imagine debe probarse.

Esperar el momento oportuno. Saber encuadrar. Tomar la distancia adecuada. Buscar la perspectiva idónea. Son cuatro puntos clave para que el objeto inanimado obtenga una vida propia, y se descubra ante el mundo y los ojos de espectador.

¿Mi consejo final? Cuando estemos delante de una estatua, no debemos verla como un bloque de materia concreto, sino como una existencia diferente que trata de decirnos algo. Es vital aprender a detenerse ante ellas y pensar desde su interior, imaginarlas dentro de ti y ver a través de sus ojos la realidad que encierran y tratan de decir. Luego, penetrarla con la cámara, por todos lados, desde cualquier ángulo, diferente, atrevido, siempre controlando la dirección de la luz, realzando, endureciendo, suavizando o texturizando, sus curvaturas, sus líneas, todo su geografía como un actor de erotismo sin fin. El final será una sinfonía apasionada de expresiones y significados distintos. 

KarlFM.-

  


 

Fotos: KarlFM: Roma (Italia), Barcelona (España)